Palestina, la cuestión oculta

Relatos “Contra el olvido”. Como era el pueblo palestino antes de 1948

Mantenemos vivos, en nuestra memoria colectiva, los hechos que nos mostraron Teresa Aranguren y Sandra Barrilaro tras su intervención el pasado mes de abril en nuestro Centro. Hechos históricos y documentados de la existencia de un pueblo, el palestino, organizado: con instituciones, costumbres, economía, relaciones y vida social como la mayoría de los pueblos de la Tierra, antes de la intervención del movimiento sionista y la aquiescencia del colonialismo británico.

Palestina, la cuestión oculta, es un extracto que reproducimos prestado de las autoras del libro Contra el olvido. Una memoria fotográfica de Palestina antes de la Nakba, 1989-1948.

El nombre de Palestina dicho como decimos Italia, Irak, el Cáucaso o la Península Ibérica, parece haber quedado despojado de sentido, como si solo existiese o hubiera existido en cuanto que problema, conicto o como mucho reverso incómodo del Estado de Israel. Pero antes de ser «problema» Palestina fue simplemente Palestina, lo cual es sin duda una obviedad pero una obviedad olvidada. Y ese olvido no es fortuito sino programado.

El término Palestina, que aparece ya en inscripciones egipcias del siglo  antes de Cristo, ha sido el nombre con el que a lo largo de los siglos se ha designado un espacio claramente delimitado desde el punto de vista geográco, histórico, cultural, sociológico, demográco, administrativo y político; entre el Mediterráneo y el Jordán, entre las montañas al norte de Galilea y el desierto de Sinaí, el territorio que en época del Imperio Romano se denominaba Palestina se identica con el que en el siglo, y con el mismo nombre, formaba parte de la provincia siria del Imperio Otomano. Tierra tan antigua como la historia de la humanidad, cargada de connotaciones religiosas e históricas para Oriente y Occidente, Palestina además de todo eso es la tierra donde vivían los palestinos.

El proyecto sionista que comenzó a gestarse en despachos y cancillerías europeas, no solo dibujaba un futuro insospechado entonces para la población árabe de Palestina sino que tenía también que desdibujar su pasado hasta convertirlo en mero preámbulo del futuro Estado judío.

Los primeros colonos del movimiento sionista llegaron a tierra palestina en la década de cuando la región aún estaba bajo dominio otomano. Se instalaron en la fértil llanura costera al norte de Yafa, en tierras adquiridas por el barón Edmond Rothschild, gura clave en la iniciación y promoción del movimiento. Gran parte de esas compras se hicieron aprovechando la legislación de la tierra de  que permitió a la Administración Otomana y a algunos grandes terratenientes que residían en Estambul o en Beirut, hacer provechosos negocios, quedándose con las tierras de notables palestinos que no podían pagar los abusivos impuestos del Imperio para revenderlas después a los altísimos precios que Rothschild y la Palestine Jewish Colonization Asociation () estaban dispuestos a pagar.

Palestina, la cuestión oculta

En esa época la llegada de europeos para instalarse en Tierra Santa no era un fenómeno extraño. Desde mediados de siglo grupos de devotos cristianos y judíos habían emigrado a Palestina atraídos por su reclamo religioso. Las colonias alemanas de la Sociedad de los Templarios que se establecieron en Haifa, Yafa, Jerusalén y otras localidades de la zona o la que un grupo de familias suecas y norteamericanas fundó en un hermoso edicio de Jerusalén —el actual hotel American Colony—, son algunos ejemplos de la huella que aquel lujo de piadosos emigrantes dejó en la zona.

Palestina_moderna__1851

Palestina moderna, 1851. Rapkin, John (1815-1876). Grabado por J. Rapkin, Londres y Nueva York, J. & F. Tallis

Palestina no estaba ni mucho menos cerrada al contacto con los extranjeros. No era una sociedad hostil, ni religiosamente fanática, cuando los primeros colonos del movimiento sionista llegaron allá. Y contrariamente a lo que una ecaz propaganda difundió y sigue difundiendo, la tierra en la que se asentaron ni estaba vacía ni era para nada un desierto.

He aquí la descripción que dos viajeros españoles, José María Fernández Sánchez y Francisco Freire Ferreiro, hacen de la región de Yafa en 1875:

“Existen extensos bosques de granados, naranjos, limoneros, manzanos, cañas de azúcar y palmeras. Sus preciosos jardines tienen gran variedad de plantas, huertos con toda clase de legumbres y hortalizas, regados todos con agua sacada de multitud de norias. La naturaleza es prodigiosa… Posee unos extraordinarios jardines que posiblemente dan las primeras naranjas del mundo… Son los mejores naranjales del mundo.”

En 1891, el escritor judío ruso Asher Ginsberg, que solía firmar con el seudónimo de Ehad Ha’am, tras realizar un viaje a Palestina escribe:

“Tenemos la costumbre de creer, los que vivimos fuera de Israel, que allí la tierra es ahora casi completamente desértica, árida y sin cultivar y que cualquiera que quiera adquirir tierras allí puede hacerlo sin ningún inconveniente. Pero la verdad es muy otra. En todo el país es difícil encontrar campos cultivables que no estén ya cultivados, solo los campos de arena o las montañas de piedras que no sirven para plantaciones permanecen sin cultivar”.

Palestina no era un desierto esperando la llegada de colonos extranjeros que lo hicieran orecer. Como en otras regiones de la cuenca mediterránea, había zonas desérticas y zonas de cultivo, algunas muy fértiles y laboriosamente cultivadas por campesinos asentados allí desde generaciones. El desierto por lo demás sigue siendo desierto.

En realidad las colonias sionistas por sí mismas no eran rentables, su subsistencia dependía del capital de los Rothschild y después del Fondo Nacional Judío. Pero a diferencia de los casi siempre endeudados agricultores locales, los nuevos colonos contaban con una especie de crédito a fondo perdido que no tenían que devolver. Así lo refeja el informe sobre la distribución de la tierra en Palestina, encargado por el Gobierno británico a Sir John Hope Simpson en 1930:

“Gran parte del capital judío invertido en Palestina es simplemente un regalo y por lo tanto no implica intereses ni tasas de amortización… De los asentamientos agrícolas se puede decir que ninguna de las colonias sionistas son autosucientes en el sentido de que serían capaces de salir adelante sin ayuda externa…”

A lo largo de los siglos, en Palestina la tierra podía cambiar de dueño, y de hecho a partir de la segunda mitad del  lo hizo con relativa frecuencia, pero los campesinos que la trabajaban permanecían en ella. Con la llegada de los primeros colonos sionistas, la situación cambió radicalmente. Las familias que en régimen de aparcería o arrendamiento cultivaban desde generaciones los terrenos adquiridos ahora por el multimillonario barón Rothschild o por el Fondo Nacional Judío, se vieron expulsadas de sus hogares y labranzas. El fenómeno se agravó entrado ya el siglo XX cuando la política de judaización del trabajo se convirtió en objetivo prioritario del movimiento sionista.

Un modelo de contrato del Fondo Nacional Judío establecía:

“El arrendatario se compromete a ejecutar cualquier trabajo relacionado con el cultivo de la propiedad usando mano de obra exclusivamente judía… el contrato también dispone que la tierra no podrá ser concedida a alguien no judío. Si el poseedor muere y deja un heredero no judío, el Fondo se acogerá a su derecho de restitución…”

Para el movimiento sionista, la adquisición de tierras no era suciente, tenían que ser tierras libres de sus habitantes.

[…]

Contra el olvido: Una memoria fotográfica de Palestina antes de la Nakba, 1889-1948

Editado por Ediciones del Oriente y del Mediterraneo
Autores: Teresa Aranguren, Sandra Barrilaro, Johnny Mansour, Bichara Khader
Prólogo de Pedro Martínez Montávez
Título: Contra el olvido: Una memoria fotográfica de Palestina antes de la Nakba, 1889-1948
Edición ilustrada formato 297 x 210 mm – Edición bilingüe en árabe y español
ISBN 978-84-943932-4-2 – 240 páginas – PVP 25 euros


Centro Social Trilce
Espacio Libre de Apartheid Israelí

Comparte en…Share on Facebook0Share on Google+0Tweet about this on TwitterEmail this to someoneShare on Tumblr0